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  • Daniel Ramirez

La pandemia y los raramuri

Los Rarámuri en tiempo de pandemia

Por Sanjuana Oliva Briones MT (Religiosa Misionera de la Tarahumara)


En el 2020 el inicio de la pandemia en México coincidió con las celebraciones de cuaresma y Semana Santa. La alarma sanitaria ante el potencial de contagio llevó a modificar los modos de vivir y llevar a cabo los diferentes ritos y ceremonias religiosas propias de dicho tiempo. En la Sierra Tarahumara, donde los días santos son centrales en la vida de los rarámuri, no fue la excepción. Se les invitó a evitar los encuentros comunitarios masivos, se les exhortó a realizarlos con menos gente, en sus casas. Algunas comunidades atendieron al llamado de las autoridades de salud, otras optaron por juntarse en núcleos pequeños, por familias. Y en las más remotas y lejanas ¿qué pasó? -La vida siguió su curso y “bendecidos” por un contexto de lejanía continuaron con la vida ordinaria y sus actividades cotidianas de cada día y de cada tiempo.


A un año de la contingencia los rarámuri siguen viviendo como ellos saben, continúan haciendo fiesta en el silencio y bajo las estrellas como les encargó su “Onorúame” discretamente, pero sin dejar de tocar el violín y la guitarra. Se siguen yendo a trabajar a los campos de Sinaloa. Los camiones que llevan reenganches a las huertas de La Junta y Cuauhtémoc, se han visto también llevando gente en sus temporadas de trabajo. En sus ranchos han cuidado y curado la tierra, han limpiado y le han llevado alimento al aguaje para que haya siempre agua nueva.



Hubo poca lluvia, y en consecuencia poca y pobre cosecha. Sin embargo, no reniegan, no sucumben ante las inclemencias. Se levantan y caminan a buscar las flores del maguey que también alimentan, bajan y suben buscando nopales y tunas. Juntan y secan los hongos, los ejotes y la fruta que pueden para conservarla y disfrutarla cuando no hay otra cosa. Alguno dijo “¿Cómo se va a acabar esa enfermedad si no hacemos fiesta, si no bailamos Yúmari?” Y así, poco a poco fueron asumiendo la nueva realidad, y sus rebozos y paliacates los convirtieron en cubre bocas, comprendieron que al salir había peligro, lo mismo que al llegar personas de fuera. Con simplicidad, sin exageraciones y sobre todo sin desesperanza.



Y continua la vida. Ahora con mayor fuerza buscan ser buenos rarámuri, quieren cuidar sus vidas, sus familias, sus animales y sus tierras. Se sientan y contemplan al infinito, el mundo que Onoruame les encargó cuidar, luego se ponen en pie y caminan hacia donde sea necesario sin importar las distancias ni el clima.

En estos tiempos de pandemia, se podría decir que su ubicación, cosmovisión y estilo de vida son parte de sus grandes fortalezas. Por ahora, hasta aquí mi reflexión.

¡Cheriera ba! (gracias)


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